
¿A quién no le gusta comer un bollo tierno y esponjoso para desayunar o merendar? ¿Recordáis esos que nos daban de pequeños, aquellos “suizos” tan ricos? Yo no los he vuelto a comer ricos de verdad, pero los que traigo hoy se parecen y mucho. Son perfectos para tomar tal cual o abrirlos y rellenarlos con mantequilla, mermelada…lo que queramos. Un perfecto acompañamiento para un rico café o un chocolate. Aguantan dos o tres días sin problema e incluso podemos congelarlos en cuanto se enfríen, bien envueltos y descongelar cuando queramos degustarlos. La masa es facilísima de preparar y solo hay que darles el tiempo de levado que necesiten, evidentemente podemos hacer cosas mientras tanto así que no nos robarán excesivo tiempo.
Ingredientes (para 12 piezas):
- 250 gr. de harina.
- 250 gr. de harina de fuerza.
- 150 ml. de leche.
- 40 gr. de levadura fresca de panadería.
- 2 huevos.
- 50 gr. de mantequilla.
- 110 gr. de azúcar.
- 5 gr. de sal.
- Corteza de limón rallada.
- Azúcar para decorar.
Elaboración:
Disolvemos la levadura en la leche tibia, no la calentéis, solo tibia o la levadura perderá su efecto. Mezclamos en un recipiente todos los ingredientes menos la sal. Un vez bien mezclamos sacamos a la encimera, añadimos la sal y amasamos hasta obtener una masa elástica, suave y muy manejable. Ponemos en un recipiente cubierto con un paño y dejamos reposar hasta que doble su volumen, tardará dependiendo de la temperatura de vuestra casa. Yo dejo el recipiente en el horno frío, a salvo de corrientes al menos dos horas, no tengáis prisa.
Una vez que haya levado, sacamos y amasamos suavemente para sacar el aire y hacemos las porciones. Les damos forma de bola y vamos colocando en una bandeja de horno cubierta con papel sulfurizado. Les hacemos unos cortes en la parte de arriba y volvemos a dejar levar cubiertos hasta que doblen su volumen.

Una vez que hayan levado tendrán este aspecto.

Precalentamos el horno a 190º C.
Pintamos los bollos con huevo batido y en la parte de arriba colocamos azúcar ligeramente humedecida con unas gotitas de agua o si queréis con agua de azahar.

Horneamos 12-15 minutos, dependiendo del horno hasta que estén dorados.

Sacamos y enfriamos en rejilla. Sencillamente deliciosos.

Fijaos que esponjosos quedan.

En casa os pedirán que los hagáis muy a menudo.









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